Hubo un tiempo, no hace mucho tiempo, en que éramos nosotros los que emigramos. Una época en la que las maletas de cartón estaban llenas de esperanza y cansancio, y parece llena de nostalgia por una tierra, el Piamonte, tan querida como dura. Esta es la historia que el director Alain Ughetto ha querido contar en su premiada película de animación stop-motion, «Manodopera», una obra conmovedora y necesaria que se adentra en las raíces de su familia para hablarnos de emigración, identidad y memoria.
El título original en francés, «Interdit aux chiens et aux Italiens» (Prohibido a los perros y a los italianos), es un puñetazo en el estómago. No es ficción, sino la dura realidad de los signos que acogieron a nuestros compatriotas en Francia, Suiza y Bélgica. Como dice el propio Ughetto, esta frase es el símbolo de una época, una instantánea del racismo y la humillación que sufrieron quienes abandonaron sus hogares en busca de un futuro. Ver esa escritura, e imaginar la fortaleza de sus abuelos ante tal desprecio, fue uno de los resortes que empujaron al director a realizar esta película.
La historia de «Manodopera» es la historia de la familia Ughetto, originaria de Ughettera, «la tierra de los Ughettos», Borgata Ughettera, una aldea de Giaveno, en Piamonte. Impulsados por la pobreza, los abuelos del director, Luigi y Cesira, cruzan los Alpes para buscar trabajo en Francia. La película, con su estética artesanal y poética, nos muestra la dureza del trabajo, los sacrificios, pero también el amor, la resiliencia y la solidaridad de una comunidad que intentaba reconstruir su vida en una tierra extranjera y a menudo hostil.
La importancia de Raíces en un mundo que olvida
El de Alain Ughetto no es solo un homenaje personal, sino una invitación universal a no olvidar. «Hice esta película para mí, para mis hijos y para las nuevas generaciones», dijo el director. Conocer nuestros orígenes es fundamental para entender quiénes somos. El viaje de Ughetto hacia atrás, para descubrir la tierra de sus antepasados, es un camino que Italea Piemonte conoce bien: un puente entre el pasado y el presente, un hilo rojo que une a generaciones de piamonteses en todo el mundo.
La película nos obliga a mirar nuestro pasado como emigrantes con nuevos ojos. En un momento en que los flujos migratorios están en el centro del debate público, «Manodopera» nos recuerda que la historia se repite. Las dificultades, la desconfianza y el racismo que enfrentaron nuestros abuelos no son tan diferentes de los que experimentan los migrantes de hoy. El propio Ughetto enfatiza este paralelismo, afirmando que «desafortunadamente, los migrantes no son bienvenidos como deberían serlo ni en Italia ni en Francia, en ningún lugar».
Redescubrir estas historias, como la que se cuenta magistralmente en «Manodopera», no es un simple ejercicio de memoria. Es una herramienta para descifrar el presente, para cultivar la empatía y para recordarnos que todos formamos parte de una gran historia de movimientos, encuentros e intercambios. Es un poderoso recordatorio que nos enseña el valor de la hospitalidad y la importancia de nunca olvidar de dónde empezamos. Para no volver a colgar nunca más, ni en un bar ni en nuestros corazones, un cartel que diga «prohibido la entrada».